A la profesora de mi hijo

Monday, October 9, 2017

Tengo la gran fortuna de trabajar en el mismo colegio donde estudia mi hijo. Me atrevo a decir, sin ánimo de ser odiosa, que quienes no tienen ese privilegio no saben de privilegios. Aunque su salón queda en el edificio contiguo a donde yo permanezco todo el día, cada mañana un pedazo de mi alma se va con él. Por eso, cada vez que veo a una nueva mamá dejando a su bebé por primera vez en el colegio me dan ganas de sentarme a llorar con ella, pero después de haber llorado un buen rato me gustaría leerle la carta que encontrarán a continuación. De seguro se iría a su casa un poco más tranquila.



Querida profe:

Quiero que sepas que cada día aprecio más tu trabajo. Tú también tienes hijos y sabes perfectamente que es como ir navegando por el mar sin rumbo fijo y sin saber qué te puedes encontrar más adelante. Lo que sí sabes es que por ningún motivo puedes desfallecer. Tú has sido para mí en estos años como unos remos muy fuertes que me han ayudado a atravesar ese mar, tu y yo hemos conformado un equipo indestructible. 

Dentro de poco mi hijo se encontrará vistiendo una toga y un birrete y recibirá un diploma por su grado de transición. Te confieso que llevo todo el año pensando en ese momento y tratando de controlar ese nudo en la garganta que se me forma. Dirán que soy muy llorona, pero es que recuerdo como si fuera ayer el día en que te entregué a mi bebé. Apenas caminaba, decía muy pocas palabras, entre esas, mamá y entonces fue la manera que encontró para llamarte a ti. Tenía toda la razón. Tú estabas haciendo mi trabajo a partir de ese momento. 

Poco a poco empecé a ver todo lo que aprendía. Le enseñaste a poner las manos antes de caer para protegerse a sí mismo. Cantaba unas canciones preciosas, cada vez hablaba más claro, saltaba más alto, corría más rápido, todo gracias a ti. Luego vinieron las vocales. Encontrar su nombre completo por primera vez, en un pedazo de papel, con su puño y letra se sintió mejor que cualquier triunfo personal. 


Ahora lo veo leer y escribir tan perfectamente, hacer sumas y restas… y lo más importante: conversa con sus amigos, hacen chistes, les muestra su aprecio, a veces pelean, pero lo solucionan. De nuevo: todo, gracias ti.

No hay manera de agradecer todo lo que has hecho por mi hijo. Yo creo que cada uno de los niños que te han encomendado son un escalón más hacia el cielo, porque he sido testigo de que no lo haces simplemente porque sea tu trabajo, sino porque de verdad cada vez que recibes un nuevo estudiante lo conviertes en tu hijo y haces todo lo que haces con todo el corazón y la dedicación posibles. Le pido a Dios que recompense cada uno de tus actos. Que todo lo que le has aportado a la formación de mi hijo se te devuelva con creces. 

¿Te había dicho que lo que tú dices en el salón, en mi casa es ley? El valor que mi hijo le da a tus enseñanzas es incalculable. Para él, “mi teacher me lo dijo” vence cualquier libro científico, cualquier sabio, cualquier Google. 

Por favor sigue adelante. Sé que tienes días difíciles y que, al terminar el día, cuando llegas a casa, a veces el mismo cansancio no te deja dormir. Eres tan admirable que, aunque no hayas tenido una buena noche, a la mañana siguiente recibes a mi hijo y a todos sus compañeritos con una sonrisa llena de amor que además te acompaña por el resto del día.

De verdad que no te imaginas cuánto te apreciamos en esta casa. 


Paula Daniela Hernandez Chamorro 

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